Rompiendo barreras

Rompiendo barreras

Es de Lloret de Mar (Gerona), sin embargo debido a sus estudios, trabajo y distintas aficiones ha pasado largas temporadas lejos de su ciudad natal. De profesión consultor y de espíritu aventurero. Con él
nos unimos a la campaña «Turismo para todos» para celebrar el #Diamundialdelturismo

Rompiendo barreras. Así podría llamarse la banda sonora de Iván. Es de Lloret de Mar (Gerona), sin embargo debido a sus estudios, trabajo y distintas aficiones ha pasado largas temporadas lejos de su ciudad natal. De profesión consultor y de espíritu aventurero, nos cuenta que recorrió él solo Marruecos, que trabajó en el Ecuador más rural e incluso se abrió camino a base de lucha y esfuerzo en la selva urbana de Madrid.

Esta es su historia

Hola Iván, ¿puedes contarnos un poco de ti?

Hola, me llamo Iván y nací en Lloret de Mar (Girona). Una tarde de verano, teniendo 7 años, montaba por mi barrio en bicicleta cuando me atropellaron en un paso de peatones. Desde entonces, hace ya 29 años, vivo con una pierna amputada.

Mis padres me educaron inculcándome que debía estudiar y ser lo más autónomo posible. No me sobreprotegieron y, a pesar del accidente, me convertí en una persona muy sociable. Hacía muchísimas cosas después del colegio y tenía inquietudes de todo tipo. Era, en definitiva, lo que se dice un buen estudiante.

Gracias en parte a la educación recibida en aquellos años me ha gustado siempre viajar y llevo haciéndolo desde los 18 años cuando cogí una mochila y recorrí Marruecos durante  veinte días. Desde entonces no he dejado de viajar. Otro viaje especial fue el que hice en 2013 a Ecuador donde estuve trabajando durante dos meses como voluntario en medio de zonas rurales, incluso pasé una semana en la Selva.

Estudié pedagogía social en Girona y cuando acabé la carrera recibí una beca para estudiar en una prestigiosa escuela de negocios de Madrid. Desde entonces he trabajado atendiendo a personas vulnerables como niños en situación de abandono o personas con discapacidad. Más adelante inicié otra etapa trabajando con pequeños municipios para ayudarles a desarrollar políticas de bienestar. Actualmente trabajo como experto en políticas públicas y sociales para el gobierno español.

Por lo demás, en mi tiempo libre practico yoga y pilates. También hago pequeños trabajos de modelo de fotografía y uno de los proyectos con los que colaboro es Unus Casquiviano, con el que pretendemos romper los mitos y tabúes que rodean a las personas con cuerpos diferentes.

Y si… hay un talento secreto… y es que trabajo la danza con Lu Arroyo (ex-miembro de la compañía Mayumaná). Estamos intentando fundar la primera compañía de danza integrada de España… idea que me apasiona.

¿Cómo conociste BlaBlaCar?

Mi época en Madrid fue muy buena, sin embargo durante todo ese tiempo tuve que ser muy creativo para poder ver a mi familia, que reside en Lloret y no es un pueblo muy bien comunicado. Primero viajaba en compañías aéreas de bajo coste pero quitaron las conexiones cuando llegó el tren de alta velocidad. Finalmente, debido a lo complicado del trayecto, decidí que no podía ir a verlos sino era por un tiempo mínimo de 4 días.

En esas estaba cuando descubrí BlaBlaCar, precisamente en una época en la que yo iba con muletas y los viajes eran más complicados. Mi primera experiencia en BlaBlaCar fue estupenda ya que los usuarios me ayudaron con las maletas, me cedieron el asiento delantero y me dejaron en la puerta de casa.

Quedé encantado y repetí. Todo eran cosas tan positivas para mí y entendí entonces que BlaBlaCar no era sólo una cuestión de ahorro sino también una forma de complementariedad entre personas que viajan solas. Una cuestión de ayuda mutua.

¿Por qué usas BlaBlaCar?

Cuando vivía en Madrid, la principal razón por la que usaba BlaBlaCar era para visitar a mi familia y amigos. Viajaba con asiduidad a Lloret de Mar pero también a Cuenca, Málaga, Oviedo…

Por otro lado, en los aeropuertos o estaciones de tren la silla de ruedas no es obligatoria pero muchas veces las terminales están lejos y necesito utilizarla. Por ejemplo, el aeropuerto de Madrid es muy grande y caminando me resultaría muy difícil llegar a la terminal de vuelos internacionales.

En este sentido, cuando voy en la silla en las filas de embarque todo el mundo me mira pues las personas solemos fijarnos en lo que nos es diferente. La mirada proviene de extraños y esto desubica. Sin embargo con BlaBlaCar este tema se elimina. Las personas con las que viajas a  los pocos minutos te conocen y no te sientes observado, sino que te sientes dentro. Cuando yo llego a un vehículo de BlaBlaCar lo hago como todas las personas, no llego en silla de ruedas o con embarque de prioridad. Si me ceden el asiento delantero es porque me lo ceden a mí, a Iván.

Espero que con el tiempo la discapacidad no defina a las personas. Espero que lo que las definan sean sus capacidades. Por ejemplo, cuando relleno un formulario de atención especial en viaje tengo que poner mis limitaciones y no mis capacidades.

Viajar solo y con discapacidad es a veces complicado, las maletas, la necesidad de ser puntual que se requiere al viajar, etc. Cuando voy a volar no lo paso bien. Un retraso de cinco minutos puede suponer la pérdida de un vuelo y esta situación de estrés me ha llevado a, por ejemplo, tener que correr en muchos aeropuertos. Blablacar es otra cosa, si te retrasas cinco minutos puedes llamar al conductor, puedes llegar a un acuerdo y dejas de tener miedo y de sentir presión.

¿Qué es lo que más te gusta de BlaBlaCar?

Me gusta BlaBlaCar porque soy sociable y me gusta estar rodeado de gente. Siempre me he sentido muy bien en los coches en los que he viajado sin tener que esconder mi discapacidad. Las minorías muchas veces nos tenemos que adaptar a sistemas de transporte hechos para las mayorías y a estos les cuesta atender detalles que son importantes, como la designación de asiento.

Como ya he dicho antes, no me siento cómodo, por ejemplo, cuando utilizo el sistema de acceso para personas con discapacidad de los aeropuertos. He puesto reclamaciones incluso viajando en business con grandes compañías. En mi opinión BlaBlaCar es más flexible, el trato entre personas es más intenso y con pequeños gestos se obtienen grandes logros al instante.

Uso BlaBlaCar porque compartir nos hace mejores personas, nos hace iguales. Compartir es sinónimo de aprender, de conocer otros puntos de vista y de exponer los tuyos. Y eso es algo que me apasiona.

¿Podrías contarnos alguna anécdota que recuerdes usando BlaBlaCar?

A lo largo de mi vida he tenido que elegir muchas veces entre quedarme quieto o seguir adelante. Por ejemplo, me ha pasado tener un cumpleaños de un familiar en Lloret o querer compartir una buena noticia con un amigo de Málaga y no tener billete para ir. De no haber existido BlaBlaCar debería haber renunciado a viajar en ciertas ocasiones, pero buscando rutas en Blablacar he podido llegar a mi destino, con los míos.

Respecto a lo de avanzar o quedarse quieto, recuerdo también que un viernes cansado de la ciudad y de comer mal, decidí en dos horas irme a Asturias y hacer una ruta gastronómica. Si me hubiese quedado quieto habría pasado todo el fin de semana en la ciudad y me hubiese alimentado de cualquier cosa, pero finalmente acabé disfrutando de un viaje por Asturias y de su maravillosa gastronomía.

Otra anécdota fue el caso de uno de los últimos conductores con los que viajé. Le pusieron una multa injustificada y todos los pasajeros nos mostramos dispuestos a colaborar para pagarla entre todos. Pese a que él no quiso aceptar, el detalle fue muy hermoso.
Con BlaBlaCar ahorras, sí, pero no todo queda en una cuestión meramente económica. BlaBlaCar va un poco más allá al ofrecer la oportunidad de tener experiencias nuevas.

¿Te ha gustado la historia de Iván? ¡Pues no te pierdas su vídeo!

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